Inteligencia Emocional en la Familia

 

Mujer caminando debajo de un cerebro gigante.
Inteligencia Emocional



Inteligencia Emocional


Vivimos en un mundo interconectado y en constante cambio, la vida en sí misma puede dar giros completos en breve tiempo, lo que significa que debemos ser capaces de adaptarnos para sobrevivir, para manejar situaciones emocionales muy complejas y para resolver problemas. Es aquí donde la inteligencia emocional cobra importancia, es aquí donde las habilidades para reconocer nuestras emociones nos brindan capacidades de comprender y manejar situaciones que perturban nuestro estado de ánimo resolviéndolas de manera efectiva. Daniel Goleman explica que la capacidad para reconocer nuestros sentimientos, los sentimientos de los demás, los estímulos para motivarnos y gestionar nuestras emociones en las relaciones interpersonales es la inteligencia emocional. El mismo Daniel Goleman establece dos factores que influyen en el desarrollo de este tipo de inteligencia, las cuales son: Las Interacciones Interpersonales (¿cómo llevo mi mundo interno con las demás personas?) y las Interacciones Intrapersonales (¿cómo me relaciono conmigo mismo?, ¿qué siento?, ¿cómo actúo?).


En el ámbito laboral se valora cada día mucho más la inteligencia emocional en los empleados, puesto que, el personal con habilidades emocionales bien desarrolladas suele ser más efectivo en su área, tiene una mejor capacidad para trabajar en equipo y pueden comunicarse pese a que la situación sea completamente bajo presión, pero especialmente, suelen encontrar soluciones a problemas complejos pues logran actuar con propósito. Dice el psicólogo David Wechsler (1994) que la inteligencia es la capacidad de un individuo para actuar con propósito, pensar racionalmente y tratar eficazmente su ambiente, incluso si éste, estuviera bajo presión. Pero como tal, una persona inteligente que logra potenciar sus habilidades sociales, generarse motivación y en consecuencia motivar, tener empatía por sus compañeros, una identificación y autorregulación por sus emociones, así como la conciencia de reconocer lo que siente y reconocer las emociones de las demás personas, es una persona con inteligencia emocional.


Inteligencia emocional en la familia


La familia es un núcleo para la sociedad, es un entorno para ejercitar los valores humanos, éticos y morales del entorno donde viven, y concretamente, es el lugar indicado para el desarrollo de los lazos afectivos y competencias emocionales. Tanto el padre al educar como el hijo al ser educado aprenden de su relación para construirse emocionalmente inteligentes y alcanzar el bienestar. Una familia sin violencia es factor de felicidad en los futuros jóvenes y adultos, sin embargo, cada día un porcentaje alto de personas se encuentra bajo estrés, ansiedad, miedo, depresión y el enojo, emociones nada saludables de las que no se suele hablar hasta que se exteriorizan en un estado de desesperación no controlada. Es un hecho que los niños en familias con un ritmo de vida acelerado y lleno de preocupaciones laborales emiten emociones de irritabilidad, ansiedad o frustración y es aquí donde los padres deben entrar en acción siendo conscientes del estado emocional en donde se encuentran, adoptar la responsabilidad de ser referentes para ayudar a desarrollar las habilidades de los hijos, y buscar antes que ellos, la inteligencia emocional.


Conciencia Emocional en la familia


Como padres desarrollar la conciencia emocional es favoreces directamente la de los hijos, y uno de los primeros pasos que los padres pueden comenzar a trabajar es reflexionar en sí mismos respondiéndose: ¿Cómo me siento?, ¿por qué me siento así?, ¿cómo expreso lo que estoy sintiendo?, ¿esto que siento ayuda a la situación que vivo?, ¿qué puedo hacer para cambiar la situación?, ¿cómo puedo sentirme mejor? La psicóloga Susan David, resalta la importancia de no quedar atascado en nuestros pensamientos, en las emociones y recuerdos que no precisamente generan ideas positivas y que impiden avanzar en nuestros valores como persona y a la hora de actuar dentro de la familia. Por ejemplo, un padre sin agilidad emocional regresa del trabajo para estar con la familia, pero queda atrapado en el teléfono resolviendo los problemas que se trajo desde la empresa, o bien, atrapado en pensamientos que lo desconectan del estrés laboral pero también de la propia familia.


Ser padres no es nada fácil y para dar más retos a la actividad de educar en casa conviene realizar actividades para desarrollar la conciencia emocional como: dibujar con los más pequeños o diseñar de manera creativa caras sonriendo, caras enojadas, caras tristes y ayudar a los niños a identificar cómo se sienten al momento de expresar alguna emoción. Si están más cerca de la adolescencia o ya lo son, sería conveniente utilizar un diario en donde logren describir las situaciones en las que han sido muy felices, o muy tristes, las que han generado enojo, frustración y cómo pueden cambiar ese sentimiento o como podrían resolver el problema presentado. Cuando los niños viven un suceso importante, un reconocimiento público, o una lamentable pérdida, es importante ayudarles a conectar con la emoción del momento, nombrar a la emoción y explicar el porqué de ese sentimiento y cómo se suele actuar ante esas situaciones. Los niños que son conscientes de lo que sienten suelen identificar de mejor forma sus debilidades y fortalezas, así como suelen comprender de mejor forma la manera de cambiar su emoción por una que favorezca sus fortalezas.


Madre jugando y persiguiendo a su hijo en un lago.
Conciencia Familiar 

Empatía Familiar.


“Las tres cuartas partes de las miserias y malentendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista” Mahatma Gandhi.


La empatía es un elemento importante en la comprensión interpersonal, la comunicación y la resolución de conflictos, su relevancia abarca la psicología social, la psicología cognitiva y la psicología del desarrollo, es decir, permite relacionarnos con nuestro entorno. Una falta de empatía conlleva muchos problemas para la sociedad como, por ejemplo; la violencia. Una persona con empatía es susceptible a intuir y entender el lenguaje verbal y no verbal elevando sus capacidades comunicativas. Dentro de la familia la empatía resulta fundamental para establecer una conexión con los hijos, el tiempo de escucha activa de los pensamientos de los hijos, o de cualquier integrante de la familia favorece la convivencia y la armonía evitando conflictos innecesarios. Las actividades como ver una película o leer un cuento con lo hijos permiten identificar emociones que el adulto puede señalar para entrenar la capacidad en el hijo al detectar la tristeza, el enojo o la alegría y comprender lo que está viviendo el personaje. Otra actividad es escuchar música con los hijos e identificar aquella que les genera alegría, paz, o por el contrario, la que les genera preocupación. Jugar con los pequeños de la casa es otra manera de trabajar la empatía en familia, al compartir reglas, formas de superar la frustración cuando se pierde, o la manera en que canalizamos la victoria sin llegar a la impulsividad. Dar abrazos y caricias, permitir el contacto físico favorecerá las relaciones interpersonales y evitará conductas antisociales o poco satisfactorias. Y finalmente bailar, cantar, pintar o realizar juntos alguna manualidad incrementa la confianza en su mismos y permite abrirse ante retos artísticos reduciendo la timidez.


A manera de conclusión, es necesario que mamá y papá trabajen con los hijos en el desarrollo de la inteligencia emocional, es importante que los hijos desarrollen las capacidades de comunicarse con ellos mismos y con los demás mediante las emociones, esto les brindará bienestar psicológico y la capacidad para relacionarse con los demás. ¡Papás! Es la hora de tomar aire antes de entrar a casa, es hora de la reflexión, de respirar hondo antes de compartir el hogar y vaciar en los hijos y pareja todos los pensamientos positivos para crear un ambiente de comunicación abierta y constructiva.  


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