La Ansiedad, su Genética, su Herencia.

Niño perdido en una tempestad oscura.
La Ansiedad


La ansiedad generalizada.


Jazbi, una mujer en un puesto directivo lidiaba muy bien con síntomas de ansiedad; dolores de cabeza, cansancio, miedo y nervios. Su productividad era muy reconocida por la empresa donde ella trabajaba y su experiencia resolviendo problemas bajo presión ya alcanzaba los 12 años. En ocasiones deseaba vivir más tranquila, pero sentía un profundo compromiso por destacarse, especialmente, porque tenía presente que las mujeres tienen pocos puestos de liderazgo empresarial, y ella, teniendo uno, no defraudaría esa posibilidad de demostrar su capacidad. Por desgracia, el año posterior a la pandemia su madre murió por una falla de su marcapasos, y un año más tarde, su padre tuvo un paro cardíaco y tuvo que despedirlo súbitamente.


“Cuando las preocupaciones comienzan a ser excesivas, persistentes y relacionadas con los detalles de la cotidianidad en que vivimos, podríamos considerar que sufrimos de una ansiedad generalizada” 


Jazbi, después de un duro duelo al despedir a sus padres, gradualmente, comenzó a sentir cambios que de principio no fueron de preocupación, por ejemplo, se levantaba antes de sonar el despertador a pesar de haber tenido un día fatigante físicamente el día anterior. ¡Qué mejor! Pensaba Jazbi. Así llegaba puntal al trabajo, sin embargo, pronto vinieron otros síntomas, a veces, en el momento menos esperado sentía fatiga y una pesadez que le hacía cerrar los ojos, y así como llegaba el cansancio de igual forma se iba. Comenzó a ser intolerante, se encontraba irritable, sentía un miedo irracional por perder el trabajo incluso en aquellos problemas que no estaban a su alcance o que no la involucraban, en definitiva, ya no podía distinguir y priorizar lo que se podía resolver y lo que requería una ayuda extra. Las palpitaciones en su pecho comenzaron a ser notables para ella, y con frecuencia al dormir se ahogaba por reflujo. Ahora todo lo que comía lograba provocarle acidez. Los temblores en la mandíbula y manos fueron el mensaje de que algo no estaba bien, la sensación de no poder controlar la situación agudizó su miedo y su irritabilidad, a veces con enojo, a veces con tristeza. 


“La ansiedad afecta a los procesos del pensamiento y del aprendizaje. Tiende a producir confusión y distorsiones de la percepción, no sólo en cuanto al tiempo y al espacio, sino respecto a la gente y al sentido de los diferentes sucesos” (Montelongo, 2005) 


Factores que detona el trastorno de ansiedad.


Hoy día más del 14% de la población sufre de algún trastorno de ansiedad con causas diferentes en sus padecimientos, en este aspecto aún no existe bibliografía que concrete que factores son aquellos que detonan algunos de los tipos. A pesar de ello, se cuentan con ideas orientativas de cómo pudiera comenzar desde el aspecto ambiental y contexto social, desde la herencia y genética, desde situaciones de impacto emocional, factores psicológicos (patrones de pensamiento y comportamiento) y los factores biológicos (bajo sistema inmune, química cerebral). La combinación de estas posibilidades podría influir en detonar la ansiedad generalizada, el trastorno de pánico, trastorno obsesivo – compulsivo, trastorno de estrés postraumático, trastorno de ansiedad social, entre otros. 

  

Jacques Lacan, psiquiatra y psicoanalista francés, refiere respecto de la ansiedad que no es simplemente una emoción o estado mental, sino más bien una respuesta del sujeto ante la falta o el vacío que experimenta en su vida. La expresión como tal del vacío y angustia del sujeto está relacionada con la imposibilidad de satisfacer los deseos, cuando los requerimientos sociales aceptables del éxito están más allá del alcance de las posibilidades innatas generando una sensación de insatisfacción, de representarse como un ser incompleto y no reconocido socialmente. Actualmente las redes sociales son un ejemplo de aceptación social, establecen líneas de percepción de éxito o fracaso, de popularidad e infamia, desde los reclutadores que buscan nuevos talentos en las redes laborales estableciendo requisitos para ser aceptado, como las de comportamiento en la búsqueda de pareja, amistad o perfiles comerciales de monetización. Los conflictos internos, mentales, entre el reconocimiento de los limites sociales y culturales, son cada vez más frecuentes e intensos, llevando a un porcentaje alto de la población a detonar ansiedad neurótica. Este comportamiento ya lo había descrito Sigmund Freud como los conflictos internos entre los impulsos inconscientes y el "Super Yo", que lleva a la manifestación de síntomas físicos y psicológicos no controlados.


Cuando se sospeche de presentar el trastorno de ansiedad se tiene que tomar algunas consideraciones en los antecedentes médicos, como podría ser aquellas relacionadas con la tiroides, el azúcar, problemas del oído, lesiones anteriores cerebrales y de traumatismo, problemas del corazón como arritmias y problemas de respiración. Estas enfermedades no afectan de manera directa la concentración como sí lo haría la ansiedad, que presenta esta similar sintomatología, pero que además de potenciar la distracción afecta el proceso del pensamiento y de aprendizaje, generando confusiones, distorsión y percepción, limitando la lectura crítica y profunda, limitando la capacidad de escuchar de forma activa y bidireccional, limitando la empatía por las personas. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) el trastorno de ansiedad se desarrolla en complemento con el trastorno de ansiedad generalizada, la crisis de pánico, la fobia social, el trastorno obsesivo compulsivo y el trastorno de estrés postraumático.  


Neurociencia del estrés.


Existen múltiples factores que pueden desencadenar un trastorno de ansiedad, sin embargo, también existe una fuerte predisposición genética. No es extraño que más de un miembro de la familia pueda presentar síntomas de algún trastorno relacionado con la ansiedad.  De acuerdo con Montelongo (2005, en su artículo Trastornos de la Ansiedad) en México existen una prevalencia de la ansiedad entre los 15 a los 45 años mayormente en mujeres, en una relación de 2 a 1 respecto a los hombres, y en muchos casos con diagnósticos complejos que presenta también trastornos depresivos que dificultan su tratamiento.  La actividad bioeléctrica y mecanismo neurofisiológicos de la ansiedad se dan en el sistema límbico y la corteza prefrontal, así como el eje del hipotálamo - hipófisis – adrenal, siendo este eje esencial en el control de las reacciones al estrés y en los procesos como la digestión, el sistema inmune, el estado de ánimo, las emociones, la sexualidad, el control de energía. La hormona corticotropina influye en el control de las emociones, así como en las conductas bajo estrés, por otro lado, la adrenalina como neurotransmisor proporciona energía necesaria almacenándola en los músculos para disponer de ella en situaciones complicadas, es decir, la adrenalina modula algunas reacciones fisiológicas y comportamentales dentro del hipotálamo, la corteza frontal y la amígdala, que permitirán afrontar situaciones adversas para actuar dentro de lo aceptable y no de forma agresiva y descontrolada. Otras hormonas que entrarán directamente en el juego serán los esteroides, la serotonina y la dopamina.


La serotonina en niveles bajos se asocia al desarrollo del trastorno obsesivo -compulsivo y representa la primera línea de revisión para el tratamiento del trastorno de ansiedad. La dopamina es un neurotransmisor muy importante pues intervienen en las respuestas a estímulos del entorno ambiental y definen las conductas ante situaciones que generan estrés. Los esteroides como el cortisol  tiene como función principal incrementar los niveles de azúcar en la sangre, suprimir el sistema inmunológico y ayudar al metabolismo de las grasas, proteínas y carbohidratos. Los niveles anormales en adrenocorticotropa se relacionan con el trastorno depresivo mayor, trastorno de ansiedad, estrés psicológico y factores de estrés fisiológico.


"La emoción también es materia de diferencias individuales y es un componente clave para muchas de las dimensiones fundamentales de la personalidad y los factores de vulnerabilidad que rigen el riesgo para la psicopatología" (Davidson & Irwin, 1999)


Genética de la Ansiedad.


La producción y funcionamiento de los neurotransmisores del estrés y la emoción están influenciados por genes que al relacionarse con los comportamientos conductuales de aquellos que presentan trastornos resulta difícil identificarlos. Por otro lado, de acuerdo con los estudios realizados por Svenn Togersen (1983, en Genetic Factors in Ansiety Disorders), psicólogo clínico noruego, al trabajar y observar a gemelos homocigotos, propuso que la genética sí influye en el desarrollo de trastornos de ansiedad, resaltando en mayor medida, el trastorno de pánico y la agorafobia, fijando en un 30% la posibilidad de heredar el trastorno de ansiedad junto con algunas otras fobias.  Sin embargo, debido a la complejidad y diversidad de genes que están involucrados, la heredabilidad de los trastornos relacionados no sigue un patrón específico, sí en cambio, presentan una probabilidad mayor de presentarse en las siguientes generaciones.


Los genes que pudieran considerarse como responsables en el desarrollo de trastornos de ansiedad y conductas temerosas son el RGS2 protagonista en la gestión de la serotonina y norepinefrina cerebral que definen el estado de ánimo ante estímulos estresantes. El gen SLC6A4, localizado en el cromosoma 17 responsable de la codificación de las proteínas trasportadoras de serotonina extracelular. El gen CRHR1 que se activa produciendo corticotropina cada que existe una situación de peligro o durante un estrés continuo, un incremento en esta sustancia encamina el estrés a un estado de ansiedad y trastorno depresivo. La expresión del gen COMT ubicado en el cromosoma 22, es una proteína junto con la variante genómica Met158 responsables de descomponer la dopamina mediante la enzima Catecol-O-Metiltransferasa, una reducción de esta enzima trae como consecuencia que se acumule la dopamina en la corteza prefrontal influyendo en los estados de agitación y ansiedad. La sobreexpresión del gen COMT ya ha sido detectada con anterioridad en personas que padecen esquizofrenia y trastorno bipolar influyendo en la tasa de degradación de la dopamina en la hendidura sináptica. Finalmente, los genes BDNF Met66 se relaciona con la activación de la amígdala a señales de amenaza y una mayor evitación de daños.


Aunque pudieran existir otros genes que influyen de manera indirecta, la esperanza hoy día de usar la tecnología para la modificación de dichos polimorfismos en los procesos de neurodesarrollo no deja de ser esperanzadora para que un día, más temprano que tarde, sea mejorada la especie humana reduciendo las enfermedades mentales y trastornos como la ansiedad.


Citas:
Montelongo, R.; Lara A.; Morales, G., y Villaseñor, S. (2005) Los trastornos de ansiedad. Revista digital Universitaria, Vol. (6) No. (11) ISSN: 1067-6079.
Dueñas Amaya, L. J. (2019). Factores de predisposición genéticos y epigenéticos de los trastornos de ansiedad. Revista Iberoamericana de Psicología, 12 (2), 61 - 68.
Torgersen, S. (1983). Genetic factors in anxiety disorders. Archives of general psychiatry, 40(10), 1085-1089. doi:10.1001/ archpsyc.1983.01790090047007

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