Retórica. ¿Cómo argumentar eficazmente?

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Se muestra una persona hablando frente a un público.


¿Qué es la retórica?


La retórica es una disciplina filosófica encargada de proponer nuevas formas y técnicas de persuasión a través del lenguaje, del buen decir. Se ocupa de cómo las palabras pueden ser utilizadas para influir en la opinión y hasta en el comportamiento. Menciona Vals Hernández (2010) que la retórica se considera “activista técnica del lenguaje persuasivo”, un pilar autentico y bien fortalecido para la comunicación que nos guía al momento de expresarnos, de escuchar y entender la información que recibimos.


Por lo cual, la retórica es un arte que necesita ser ejercitado para adquirir la habilidad de escribir y hablar con eficacia, ya que requiere de conocimiento profundo de la naturaleza humana y los métodos para persuasión. “La retórica es la encargada de proporcionar todos los instrumentos lógico-lingüístico necesarios para expresar con precisión y contundencia los argumentos que se han concebido en el intelecto” (Vals Hernández, 2010: P 36), es decir, un retórico experimentado es capaz de utilizar el lenguaje de manera efectiva para lograr una amplia variedad de objetivos, convencer, refutar argumentos y defender posturas independientemente si sean correctas o si no cuentan con las mejores intenciones.


En el ámbito de las ciencias jurídico-forenses para presentar un argumento en audiencia de un juicio, y este, sea con eficacia, no es suficiente un buen argumento jurídico o técnico, aunque precisamente es indispensable tener un buen argumento, aun así, no es suficiente, hay que saberlo exponer con estructura lógica y mucha claridad, dicho de otra manera, involucrar una buena redacción que sirva como base, y luego, de manera oral sirvan de conectores lógicos del lenguaje. En su mayoría, los profesionistas y algunas personas consideran la argumentación como una exposición de prejuicios volviendo a los argumentos desagradables e inútiles, olvidando que, los argumentos no es simplemente afirmar algunas opiniones, sino, ofrecer suficientes razones y pruebas en apoyo a una conclusión.


Un argumento de acuerdo con la RAE (Real Academia Española) es un “razonamiento que se emplea para probar o demostrar una proposición, o bien para convencer a alguien de aquello que se afirma o se niega”


¿Cómo estructurar un argumento?



Es común que ocurra que una persona con alta experticia en una especialidad, actividad u oficio, del cual podríamos confiar y sentirnos admirados con su trabajo, no tenga la habilidad de comunicar y persuadir con su arte. Es aquí donde las cosas se tornan complicadas, pues, quienes deben escuchar su obra no son expertos como él, desconocen su lenguaje, no identifican el alcance de sus proyectos como beneficios, y por supuesto, no estarán dispuestos a invertir en algo que no entienden a profundidad o que les genera miedo. La retórica en los argumentos será clave en este tipo de casos, y en otros, como al momento de solicitar un trabajo, o en las áreas forenses como el convencer a un juez de que los resultados obtenidos en un dictamen han sido con minuciosa revisión en sus metodologías y técnicas. La retórica comienza en la construcción de ideas para estructurar un argumento usando razonamientos consistentes y coherentes que justifiquen y sustenten lo que se quiere probar, ya sea basado en experiencias y contextos, o bien, en principios o experimentación.  


Para construir un buen argumento, considerando que se trata de una serie de afirmaciones para convencer a alguien con la lógica de sus razonamientos, debemos considerar lo siguiente:


Las Premisas. Son la afirmación, el núcleo central del argumento. ¿Qué es lo que quieres probar? Generalmente para que un argumento sea fortalecido con evidencia tendría que nacer de ideas verdaderas y reales, lejos de la fantasía y que pueda someterse a la experimentación o a hechos.

Las Evidencias o Pruebas. Son todo aquello que respaldará la afirmación, si existen ya documentos de situaciones similares que estuvieron sujetas a experimentación, datos, estadísticas, ejemplos, expertos y autores con publicaciones y testimonios.

Argumentos Opuestos. Plantea ideas opuestas a tus premisas, trata de atacar tu propia postura y defenderla buscando las pruebas para sustentar tus razonamientos. Este ejercicio ayudará a establecer que has considerado los pros y los contras, las perspectivas o vertientes que se crean para evidenciar que has razonado desde diferentes aspectos.

Estructura. La estructura deben ser clara y lógica, debe tener sentido cronológico esperando conectar cada punto importante de manera coherente con el anterior o todos lo siguientes.

Lenguaje. Conciso, muy claro y objetivo, esperando sea entendido por personas que conocen poco del tema o nada de él. Se debe evitar el sarcasmo, debe mantenerse respetuoso y lejos de cualquier ataque personas que haga visible prejuicios o juicios sin sustento.

Conclusión. La conclusión debe contener un esquema argumentativo, o dicho de otra forma, una conexión lógica con las premisas que se defienden, o incluso, con las que estaban directamente en contra de ellas.


El buen argumento requiere de habilidades que permitan entender el contexto y el público, pues sus estructuras girarán alrededor de las variables que pueden cambiar en el momento, como lo es: el tiempo (lapso para expresar la postura), estado de ánimo (del que expone y quien escucha), el tono de voz y postura corporal, el formato de presentación, los requisitos de idoneidad para emitir opiniones del tema del que se está hablando, etcétera.


¿Cómo mejorar la retórica de nuestros argumentos?


Siguiendo los puntos anteriores, se logra construir un buen argumento, sin embargo, es necesario comunicarlo, para ello, las herramientas retóricas que podemos aplicar son: la persuasión por analogía, la utilización de ejemplos y testimonios, la alegoría, la ironía y el sarcasmo, y la utilización de figuras retóricas como metáfora, la antítesis y la hipérbole. El uso de estrategias lingüísticas y argumentativas son primordiales para presentar un mensaje efectivo, por ello, es recomendable aplicar los siguientes puntos para incluir una retórica a tus argumentos:


  1. Conoce a tu audiencia. Antes de emitir el mensaje, antes de pronunciar un argumento bien estructurado técnicamente, es esencial conocer al público. En ellos debes intuir o conocer sus intereses, necesidades, creencias y estado de ánimo, esta información como antecedente te permite comunicar tus razonamientos de manera efectiva.
  2. Reconoce el Tema. Identifica que deseas comunicar y cuál es el objetivo de tu razonamiento, qué esperas de los oyentes, que situaciones se podrían generar al comunicarlo. Esto ayudará a continuar recabando información para estructurar tus siguientes ideas.
  3. Estructura tu mensaje. Incluye una breve introducción para encaminar a la audiencia a entender las premisas de tu argumento, en seguida el desarrollo constrúyelo con más de un argumento, y la conclusión, básala en los puntos de construcción de un buen argumento con estrecha relación a las premisas eligiendo alguna figura retórica que se ajuste al tipo de tema con la finalidad de dejar una impresión fuerte en la audiencia.
  4. Usa un lenguaje apropiado. Elije las palabras y frases acorde al contexto y la audiencia, esto ayudará a crear un vínculo y especialmente permitirás que el mensaje sea más claro y fácil de entender.
  5. Utiliza figuras retóricas. En pertinente siempre que cuando una persona intenta explicar una situación, se usen ejemplos que logren incluir a los receptores en las ideas del mensaje principal. El uso de figuras retóricas generalmente ayuda a sensibilizar la información. Algunas figuras que se usan son la metáfora, hipérbole, la anáfora, antítesis, entre otras.
  6. Verificar la emisión del mensaje. Debemos estar conscientes de cada palabra que emitimos, que no se salga de nuestros objetivos e intereses, o bien, que no salga de guion que se ha formulado con antelación. La forma en que entregas la información es tan relevante como el contenido. Puedes practicar con antelación la información que deseas comunicar, e incluso, puedes pedir ayuda para que escuchen previamente tu mensaje.
  7. Interactúa con los Oyentes. La retórica se aplica como un diálogo, la comunicación efectiva es esencial al trasmitir información, debes detectar la respuesta de la audiencia, y por supuesto, escuchar atentamente sus preguntas respondiendo de manera efectiva.


En conclusión, la retórica se aplica de manera escrita pero también de manera oral, y cuando es de manera oral, acudimos a elementos importantes de la oratoria como: Los gestos, ademanes, cambios en el tono de la voz y gesticulaciones. La oratoria es el ejercicio más común a la hora de emitir un mensaje, y puede contener o no, reglas y métodos para hablar de forma correcta, sin embargo, en el ejercicio profesional, concretamente en el jurídico y el forense, la oratoria además de convencer a un público ganando su atención con elocuencia y desenvolvimiento, debe contener retórica, es decir, reglas literarias que permitan reforzar lo que estamos diciendo, con evidencia, con pruebas, con lógica, coherencia, con argumentos bien estructurados y con estrategias lingüísticas que den sentido a nuestras posturas que defendemos.


Citas bibliográficas:

Vals Hernández, S.; Zaldívar Lelo de Larrea, A.; Ortiz Mayagoitia G. (2010) Introducción a la Retórica y la Argumentación: Elementos de la retórica y argumentación para perfeccionar y optimizar el ejercicio de la función jurisdiccional. Sexta edición. Suprema Corte de la Justicia de la Nación. 

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