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| Vida después de la muerte (De la Muerte clínica) |
¿Cuánto influye lo que creemos?
El 25 de diciembre de 2014 en una tarde especialmente fría, acudí a una
carretera a varios kilómetros alejado de la ciudad. Era una carretera con dos
carriles en material de asfalto en mal estado, muy poco transitada y en una zona
despoblada. Apenas a un kilómetro y medio se miraba un terreno, ya había pasado
por ahí anteriormente, ese terreno estaba limitado con muro de piedra y en
algunas secciones tenía malla de alambre, y, además, no contaba con puerta, se
podía ver el interior totalmente, estaba vacío, solo había dos máquinas agrícolas
muy oxidadas. Las indicaciones eran precisas para reconocer el lugar, me
indicaban que, realizara una investigación sobre el kilómetro 45 en el tramo
carretero que tenía como referencia un terreno con máquinas agrícolas en mal
estado. Apenas dos semanas atrás había ocurrido un accidente, una pick up 3500
que cargaba alimento para ganado arrolló a un motociclista ocasionando la
muerte de un joven de 17 años. Más de un investigador había acudido, pero no
encontraban ningún indicio que diera información acerca de la dinámica del
accidente. Yo era el tercero y pretendía encontrar lo que los demás no había
podido, y de una vez por todas, dar solución a un caso en donde familiares mantenían
la esperanza de una indemnización por el hijo fallecido. Decidí caminar sobre el costado sur de la carretera desde el kilómetro 44 hasta el kilómetro 46. Estacioné
mi camioneta dónde pude encontrar un espacio, no había tenido éxito manejando
lentamente, debía bajar y ver minuciosamente el tramo carretero. El frío era
molesto, 6 grados centígrados y viento constante, pero el costado de la
carretera tenía una altimetría baja y podía protegerme un poco. Continué mi
búsqueda, mas no podía detectar nada sobre la cinta asfáltica ni por donde iba
caminando. El costado norte de la carretera lo revisaría al regreso, pero a
cada paso mantenía una lucha constante por resistir el frío penetrando mi
ligera chamarra, comencé a creer que debía regresar. Estaba indeciso y me
detuve. A cien metros ya estaba el terreno con las máquinas oxidadas, pero yo,
no soportaba más las gélidas caricias que como cuchillas cortaban mi cara, no
llegué hasta el kilómetro 46, cambié de costado e inicié la revisión en
dirección a mi camioneta. Apenas caminé 20 metros, oí un grito claro y firme
que dijo: <<Acá es>>. Voltee y no miré a nadie, pensé que tal vez sí
había personas en el terreno, consideré la posibilidad de que pudiera ser algún
testigo ocular de aquel accidente. No pensé más y sobre el mismo costado fui en
la dirección del terreno. Me concentré en ubicar a la persona que había gritado,
pero no encontré a nadie, las máquinas agrícolas y el terreno no tenía señas de
que alguien estuviera residiendo ahí. Como sea, había llegado hasta ahí y
deseaba terminar de buscar. Nuevamente me ubiqué en el costado de la carretera y
estaba decidido a regresar a mi camioneta e irme, sin embargo, pude notar una
cruz hecha de palos de escoba un poco más alejado del terreno, de hecho, un
poco más alejado del señalamiento de kilómetro 46. Caminé en esa dirección y
noté también que los palos estaban sostenidos por fragmentos de motocicleta
amontonados que servían como soporte de la cruz, y justo sobre la carretera; desprendimientos
de asfalto, como de arrastre, apenas visible una huella de frenado y otra que
parecía de derrape. ¿Sería posible que las anteriores investigaciones se
hubieran hecho siempre en un lugar equivocado? Había un error de un kilómetro y
medio, no iba ser fácil redirigir la investigación una vez más, pero tenía que
hacerse, había indicios, había partes de moto que coincidían con la descripción
de familiares. Respecto al misterioso informante quedó solo en un suceso
peculiar que provocó furor en la oficina, provocó una fuente de supersticiones,
lo llamarón; testigo fantasmal. Y es que el caso tuvo solución después de
varios intentos, todo gracias a la ayuda de alguien que sin saber qué hacía yo,
sólo, caminando sobre la carretera, me condujo hacia el lugar de accidente con
aquel grito firme y claro, nada fantasmal pero sí misterioso, casi milagroso,
como si aquel joven fallecido hubiera regresado de otra dimensión para ayudar a
sus padres desconsolados.
Por supuesto hay muchas explicaciones simples para descalificar una
intervención paranormal, pero, incluso entre las personas más escépticas siempre
queda un poco de anhelo por la existencia de fuerzas que controlen y dirijan
nuestras vidas y las hagan más fáciles. Como investigadores, el pensamiento
lógico y experimental nos adentra a una nueva corriente de pensamiento en donde
no es necesario invocar a ningún tipo de ser sobrenatural para entender la
realidad. Ser imparciales exige que no generes prejuicios, por lo cual, actuar
sin lazos dogmáticos podría ser la mejor opción para no caer en la tentación de
buscar algún tipo de justicia divina o peor aún, una justicia personal muy
alejada de una justicia penal. Aunque es cruel mencionarlo y pareciera inhumano
en varios contextos que han dañado a la sociedad, el único capacitado para
impartir justicia es un juez, se ha preparado para ello varios años, y el hecho
de que un juicio sea público ayudará para que la comunidad sea testigo de su
capacidad de aplicar la ley. Porque lo real es que, este juez, solo es un
hombre capacitado con la finalidad de estabilizar un problema social sin
consideraciones doctrinales, o es lo que todos esperamos de él, pero muy
alejado de ser un medio divino para salvar a la humanidad. A la humanidad solo
la podemos salvamos todos juntos.
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| ¿Hay vida después de la muerte? |
¿Hay vida después de la muerte?
Una vez detenidas las funciones cardiorrespiratorias, las condiciones de
mantener el equilibrio dinámico del cuerpo, de la generación de materia, de la
liberación de energía, del PH de la sangre y la pérdida de la temperatura
corporal, se considera desde la ciencia médica; la muerte de una persona.
Posteriormente a este suceso, dentro del cuerpo aún hay vida, las células en el
interior seguirán generando reacciones químicas, el cerebro seguirá
aprovechando el oxígeno disponible hasta que terminé totalmente, e incluso, con
el cerebro totalmente apagado, las células continuarán trabajando con un tiempo
de doce horas o hasta días, de acuerdo con las especificaciones detalladas en los
genes de nuestro ADN, y mucho antes de que los genes de la muerte se activen
para instruir a cada célula del cuerpo un suicidio masivo. Estos genes de la
muerte existen, son importantes en la regulación de células dañadas a
consecuencia de agentes externos o mutaciones con errores, estos genes son
responsables de equilibrar el cuerpo y evitar una sobre población de células
dañadas que provoquen algún tipo de cáncer, como es el bien conocido gen P53
defensor del genoma humano. Si la célula puede repararse le permitirá seguir
viviendo, si el daño es irreversible Gen P53 le indicará que es hora de un
suicidio en condiciones concretas para que su cuerpo sea aprovechado por otros
organismos. En 1972, John Keer, patólogo australiano ya había observado genes
de la muerte en gusanos, el proceso de necrosis y descomposición de tejidos
estaba programado, determinado, bien codificado y con unas cuantas opciones
para permitir al gusano existir un poco más. “El dios de los gusanos no jugaba
a los dados” En el caso de los humanos ocurren procesos similares, un gen
identificado como reguladores de la muerte celular es el Gen BCL2.
Los seres humanos no son en última instancia más que portadores -pasillos- de los genes. Nos pasan por encima de generación en generación como caballos de carreras. Los genes no piensan en lo que constituye el bien o el mal. No les importa que seamos felices o desgraciados. Para ellos solo somos medio para un fin. Lo único en que piensan es en lo que pueda ser más eficiente para ellos. (Haruki Murakami)
A nivel celular, la propia vida, sus condiciones y reglas de supervivencia,
se da el lujo de seleccionar lo que conviene y lo que no para existir. No
preguntan al humano su opinión, solo actúa en beneficio de la supervivencia. Al
contario de nosotros los humanos, que consideramos nuestra existencia como el
centro de todo, los genes no comparten estas conjeturas y no siguen las mismas
reglas impuestas por nuestra sociedad y cultura.
Yo sé qué me pasará cuando muera. No quiero que me cremen, no quiero que la energía sea irradiada al espacio en forma de fotones. Cuando muera quiero que me entierren, quiero que los gusanos y microbios den uso de mi energía acumulada en toda mi vida. Quiero que mi cuerpo regrese a la tierra y sea parte de la flora y la fauna. (Neil Degrasse Tyson, entrevista con Iñaki Gabilondo, 2016)
Es agradable creer que hay una segunda vida después de la muerte, parece
esperanzador solo que no comprobable como sí lo es el proceso de descomposición
del cuerpo y cómo se va transformando para ser parte del metabolismo de la
tierra. De este hecho no hay duda, tu cuerpo se transformará en parte del todo,
pero tendrá que quedar pendiente la posibilidad de una segunda vida, pues a falta
de evidencia, deberá limitarse solo a la decisión de cada uno. De la mano de la
ciencia podrás enfocarte al descubriendo de ciertos fenómenos que la religión no
podrá afrontar, al igual que de la mano de la religión, podrás analizar fenómenos
que están muy alejados de ser tratados por la ciencia como lo son los muchos conflictos personales humanos. Bajo este contexto, pue sí, sí hay vida después
de la muerte, de la muerte médica, la vida celular seguirá unas cuantas horas
más hasta autodestruirse por completo.
¿Es válido ser religioso e investigador forense?
La respuesta a esa pregunta es simple. ¡Es totalmente válido! Ningún
abogado, juez o investigador podrá juzgarte solo por tus creencias, es decir,
la objetividad y la imparcialidad se miden en la metodología científica que se
aplica al realizar la investigación, la validación de esos datos podrá
realizarse de manera colegiada si es necesario. Todos tienen derecho a creer y
pertenecer a un culto y no se les debe juzgar por ello. Algunos colegas son
creyentes en la Fe cristiana, en sus valores humanos, y algunos otros prefieren
conducirse si ataduras a un culto, pero centrando sus compromisos en el sentido
común y el equilibrio social. Cuando actúas con intereses personales, entonces
si hay un problema, uno muy grande, pues, actúas con parcialidad y en ese caso
la realidad no tiene coherencia, es más compleja de entender, es inalcanzable;
no es posible ajustar la realidad a lo que uno quiere de manera intencionada,
quién lo haga simplemente fracasará, por ello, es recomendable no considerar ideas
fundamentalistas al momento de investigar fenómenos, es mucho mejor ajustarse a
las metodologías, a las técnicas y a los datos. El misterio debe ser nuestro motor
para descubrir y develarlo. El secreto de un buen investigador será actuar sin
prejuicios y para ello se debe profundizar en entender la realidad de la mano
de la ciencia, que de forma sistematizada permite ver cosas que no sabíamos que
existían, o bien, te permite entender cosas que creías eran paranormales. Dice
Carl Sagan (1995) que se debe tener cuidado porque la pseudociencia es más
fácil de aceptar, de hecho, hay mayor disposición a ella para evitar
confrontación y debate, en cambio, la ciencia es todo lo contrario porque exige
un esfuerzo racional constante. A veces simplemente el inconsciente desea creer
que los milagros existen, y es ahí donde nuestra capacidad racional debe exigir
a nuestro pensamiento crítico un entendimiento sistemático del fenómeno.
De modo que la muerte en las ciencias forenses tiene mucho que decir,
gracias a que aún después de que la persona se ha convertido en un cadáver,
inanimado y rígido, éste continua vivo a nivel celular dejando rastros que se
reconocen y conducen al entendimiento de las causas de muerte. Posteriormente,
sabemos que ocurrirá, comenzarán los procesos de putrefacción y descomposición
cadavérica, transformándose el cuerpo en parte de la tierra, o bien si es
cremado, irradiará disipando calor y disparando fotones en todas direcciones.
Carl Sagan (1995) El Mundo y sus demonios. Editorial Planeta, S.A. Barcelona, España. Décimo quinta reimpresión ISBN: 968-406-723-2
Siddhartha Mukherjee (2017) El Gen. Una historia personal. Penguin Random House, grupo editorial S. A. U. Primera Edición México, junio 2017. ISBN: 978-607-315-459-8


¿ Es válido ser religioso e investigador forense? si bien entendiendo el tema en él se desarrolló esta entrada te pone a ti como profesional a cuestionarte sobre cómo llevar un equilibrio en cuanto a tus valores y creencias con el ámbito profesional, y en ocasiones este último te hace cuestionar sobre las raíces de estas creencias, recuerdo a mi hermana cuestionar sobre este tema de moral sobre lo bueno y lo malo a partir de lo que la religión nos dicta, desde su ámbito donde ella se desarrolla también debe ser imparcial, objetiva y a partir de las pruebas físicas tomar una decisión, pero también es importante reconocer que antes de ser un profesional somos personas, y es muy difícil separar estas creencias y valores con las que fuimos educados, entonces ¿estamos haciendo mal? la realidad es que no se debe tener un equilibrio en estos dos ámbitos de nuestra vida, no podemos ser totalmente escépticos pero tampoco se fundamentara nuestra respuesta en eventos Paranormales o "milagrosos".
ResponderBorrarQue importante es cuestionarnos porque más allá de estas situaciones especificas es, el cuestionar que tan arraigado puedo tener estas creencias que podrán nublarme la mirada objetiva y profesional que se necesita, tampoco digo que debamos guardarlas o olvidarlas es algo imposible recordado que se trata de individuos mas no de robots.